Comentamos a continuación una muestra de catolicismo puro y duro, celebración del miedo, la tortura y la muerte, aliado del poder y la opresión: la columna de hoy del padre Llano.
‘Intelligenti, pauca’
Alfonso Llano Escobar, S. J.
Lunes 17 de marzo de 2008
“Intelligenti, pauca”, adagio latino que suele traducirse por “A buen entendedor, pocas palabras”. Fui explícito en mi artículo de marras que, ante la muerte de ‘Raúl Reyes’, experimentaba un doble sentimiento: como cristiano, sentía profundo dolor [mentira], pero, como todo colombiano bien nacido [elitismo], no podía menos de complacerme [a los cristianos la muerte y la tortura les causa placer, su símbolo es la Cruz] con la justicia que se había practicado [Justicia padre Llano? Justicia? Los pueblos haremos justicia padre Llano, y vamos a ir atrás de ti y de todos los opresores del pueblo y de la Madre Tierra, pero no para matarlos a hierro, sino para enseñarles a construir una sociedad-naturaleza justa]. De sobra que unos cuantos desteñidos habrían corregido al Maestro cuando comentó, a propósito del suicidio de Judas: “Más le valiera no haber nacido”. ¡Qué falta de consideración con el pobre Judas! Por qué ese prurito de exagerar un lapsus linguae involuntario para hacerle decir a uno más de lo que quiso decir, y no prestar atención al dolor que expresé por la muerte de ‘Reyes’.
Pero no. Tenían que saltar al ruedo algunos defensores del asesino [defensores de la vida padre Llano, opositores de la Iglesia y su pobre filosofía de miedo, tortura y muerte] para rasgarse las vestiduras clamando por que el padre Llano se alegraba (“¿al máximo?”, mayúsculo error de lectura) con la muerte de un cristiano. Y nada les dice que sentí profundo dolor [mentira]. Tienen que hacerme decir lo que no quise decir, para justificar su farisaico reclamo. Como si no se hubieran alegrado, también ellos [confesaste padre: "también" te alegraste!], con la noticia de la muerte de un enemigo de la Patria [la Patria padre, precisamente, ese invento de unos pocos para dominar a los demás, es invento de unos pocos para justificar la muerte y la opresión. Afortunadamente, la Madre Tierra, la Diosa y los pobres no tienen patria]. Seamos sinceros o, de lo contrario, no vamos a ninguna parte. Aquí lo que nos falta es sinceridad y no andar con tantas aguas tibias que no van a la mar [Seamos sinceros: guerra de exterminio contra la subversión y todo lo que se le parezca, cierto padre?]. Al pan, pan, y al asesino el castigo [No era Dios el único con derecho a castigar?]. De la impunidad no se sigue la paz sino el incremento del crimen [Tienes toda la razón padre: los inmensos crímenes de la Iglesia siguen impunes, pero llegará la hora de los pueblos padre, y se los vamos a cobrar]. Alguien tiene que morir si queremos la paz [Eso es padre: el exterminio, la anulación del otro como salida al conflicto. Muy cristiano!]. Ya con motivo de la condena de Jesús, sentenció Caifás: “Conviene que uno muera por todo el pueblo y no que toda la nación sea destruida”. Juan 11,50. [Argumentas citando a Caifás padre? Caifás también es palabra de Dios?]
Ya san Ignacio de Loyola, mi santo fundador [una joyita], dio un consejo muy sabio: cuando hay duda sobre la frase de un amigo, hay que hacer todo lo posible por salvar el sentido correcto que quiso decir y no agravar su sentido para echar a perder a ambos: la frase y el amigo. Pero no, quién dijo miedo. Aquí tienen que callarse el sentido profundo de mi frase, sentir dolor [mentira] por la muerte del asesino y meter el dedo en la llaga de la frase imprecisa (el lapsus linguae) ["se me chispotió"], alegrarme de que se haya hecho justicia, para decir que me alegro al máximo de ver correr sangre asesina. No estoy exacerbando los ánimos; todo lo contrario. Quien me ha leído durante cuarenta años sabe que no busco otra cosa que creer en Jesucristo y tratar de servirle amando a todos, aun a mis enemigos. Hay que buscar la paz por todos los medios lícitos. Vivo invitando a la paz y al diálogo, pero cuando el enemigo rechaza tercamente el diálogo y se empecina en matar y destruir [los capitalistas rechazan tercamente el diálogo y se empecinan en matar y destruir], el gobernante (con un 84 por ciento de favoritismo) tiene que recurrir a las armas para eliminar a quien se empecina en acabar impávidamente con el país [Quedó muy claro padre: la popularidad del gobierno narco-para-cachorro-del-imperio-decadente legitima todo, sin límites legales ni morales: Adelante con la motosierra Presidente!]. O, si no, ¿qué está diciendo este respaldo del 84 por ciento sino que ante un ataque aleve y mortal hay que recurrir a la legítima defensa? [Yo pensaba que había que poner la otra mejilla.]
Quede pues claro: no quiero la guerra. Pero si el enemigo recurre a las armas, se puede predecir que caerá bajo el peso de las armas. Fue el Maestro quien le recordó a Pedro, que sacaba el arma para defenderlo: “El que a hierro mata, a hierro muere” [Pongan atención capitalistas, padres y todo tipo de opresores del pueblo y destructores de la Madre Tierra: "El que a hierro mata, a hierro muere"].
Que conste: no quiero la guerra, no me alegro con la muerte de ‘Reyes’ [mentira]. Siento profundo dolor por él y por todos los que caen de ambos lados. Pero soy franco y sincero: no puedo menos de alegrarme por la Patria, que no es una idea bonita [es una idea horrible, filosoficamente vacía, legitimadora de la injusticia, el terror y la muerte], sino que somos todos los colombianos, de carne y hueso, sobre los que cae la espada de Damocles.
Y que no salten al ruedo más defensores de ‘Reyes’. ¡Da lástima oírlos llorar por un asesino que cayó justamente herido de muerte por la justicia y ver que no derraman una lágrima por el millar de inocentes víctimas que ultimó alevemente y otros tantos que se aprestaba a eliminar! [Qué más se puede agregar? El padre ya lo dijo todo.]
Alfonso Llano Escobar, S. J.
Mayu Pankara
Quiero como Católico pedir perdón, a todo hombre de buena voluntad, de cualquier religión o credo, a ejemplo de su santidad Juan Pablo II. Por este tipo de actuaciones nuestras de antitestimonio hemos distorcionado el mensaje Cristiano, impidiendo que muchos hombres y mujeres de buena voluntad beban el agua viva del Evangelio de Cristo de su propia fuente que es la Iglesia Católica, la cual mediante su magisterio y tradición nos apróxima de manera fiel y auténtica a Nuestro Señor Jesucristo. Pero recurro señores lectores a su comprensión, ya que muchas veces la arrogancia, soberbia y prepotencia del que no somos exentos los seres humanos, nos obnubila, confunde y hace que interpretemos de manera equivocada la verdad de Cristo, que es amor , justicia y suma bondad. El exagerado intelectualismo, racionalismo y academicismo provoca estragos en los hombres de Iglesia pero es la Doctrina avalada por la Iglesia en unión con el Espiritú santo junto con las escuelas de espiritualidad, legados de nuestros grandes Santos, el faro que nos guiará en estos momentos de penumbra, acudamos a estos sabios escritos, con humildad y fe profunda.Dios les siga bendiciendo.