Archivos para 17/02/08

Uribe y los narcos (paramilitares)

Yo no creo que nuestro señor presidente haya cogido nunca una motosierra, y mucho menos para destazar cristianos. Tampoco creo que se meta directamente a hacer negocios con cocaína (quién sabe sus allegados), que se la pase buscando tajadas de contratos o sobornos, o que lave plata. Lo importante es lo siguiente: Uribe pertenece a la clase social que conformó y mantiene a los grupos paramilitares, representa las necesidades, los intereses, los puntos de vista y en general el proyecto paramilitar: guerra de exterminio contra la subversión, caiga quien caiga, e imposición de una dictadura (terrorista) de mercado por los medios que sea. Eso no hay necesidad de demostrarlo, es explicito.

En fin, ahí va esta simpática nota hecha en Venezuela:

6 de marzo

Reproducimos la columna de Ivan Cepeda Castro, vocero de los convocantes, sobre la marcha del 6 de marzo (El Espectador, 16 de febrero de 2008 [fuente]):
“La demostración ciudadana del 6 de marzo por los derechos de las víctimas de los paramilitares, los parapolíticos y los agentes del Estado comprometidos en violaciones de derechos humanos, no sólo no cuenta con poderosos recursos económicos y mediáticos.

Se enfrenta además a las mentiras del Gobierno, las amenazas de los grupos paramilitares, y la manipulación de la agencia de noticias Anncol. Como si todo esto fuera poco, comienzan a registrarse presiones en determinadas empresas e instituciones tendientes a impedir la participación en los actos programados.

Esta semana, la Unión Sindical Obrera denunció que los directivos de Ecopetrol advirtieron a sus empleados que quienes no concurran a su puesto de trabajo el día 6 de marzo serán sancionados. La misma empresa convocó a su personal a participar en la marcha del 4 de febrero. En una de las sedes de la Universidad Libre de Bogotá aparecieron anuncios públicos llamando a estudiantes y profesores a no participar el 6 por “razones de seguridad y de orden público”.

Los actos del 6 de marzo no responden a un ánimo revanchista en relación con la manifestación del 4 de febrero. Su convocatoria no surgió como respuesta reactiva e improvisada. Desde hace más de dos décadas las asociaciones de víctimas y las organizaciones de derechos humanos vienen trabajando para que la sociedad colombiana reconozca la existencia de crímenes como la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, el genocidio, el desplazamiento forzado, etc. Tampoco se trata de un acto excluyente.

El 6 de marzo en la Plaza de Bolívar se leerá un llamamiento firmado por organizaciones de víctimas de la guerrilla y de crímenes de Estado en el que se condenan todos los crímenes contra la humanidad. La manifestación convocada hace parte del legítimo derecho a exigir que la sociedad colombiana reconozca con la misma convicción a todas las víctimas, y se manifieste con la misma decisión contra todas las formas de violencia. Que un grupo de ciudadanos convoque a una demostración pública de estas características no debería suscitar tantos ataques y manipulaciones. Lo que demuestran esos hostigamientos es cuán lejos estamos aún como sociedad de los hábitos democráticos.

A pesar de todos estos ataques y obstáculos, las centrales obreras, algunos de los partidos políticos, emisoras radiales, el periódico El Espectador, varios columnistas de opinión y muchos ciudadanos han respaldado la iniciativa. No sé cuántas personas salgan a la calle el 6 de marzo de 2008. Espero que sean muchas. Quienes lo hagan estarán cumpliendo con el deber constitucional de defender los derechos humanos. Pero además, dadas las difíciles circunstancias en las que se realiza esta jornada de homenaje a las víctimas, estarán llevando a cabo un acto de elevado sentido ético. En medio de un creciente ambiente de intolerancia y discriminación, ejercerán su derecho a manifestarse públicamente.

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Una de las acusaciones que me han formulado en estos días es que nunca he condenado las acciones del frente ‘Manuel Cepeda’. Quiero citar lo que escribí en esta columna de opinión el 17 de marzo de 2007: “He condenado en múltiples oportunidades las acciones en las que grupos guerrilleros atentan contra la vida y la dignidad de las personas, y en particular, el secuestro convertido en industria de comercio con seres humanos. Con esa misma verticalidad condeno las acciones que realiza el mal llamado frente ‘Manuel Cepeda’, que han costado la vida de civiles en atentados dinamiteros. Una sociedad justa y democrática, como la que quería mi padre, no se construye a punta de atentados indiscriminados contra la población civil”.

Carimagua inc.

Columna de Alfredo Molano (El Espectador, 16 de febrero de 2008) [fuente]

Más claro no canta un gallo. Los señores empresarios emprendedores y sus amigos irregulares llevan ya dos décadas haciendo una verdadera contrarreforma agraria y trayendo progreso a punta de motosierra. Ahora, hece unos años, tal vez por algunos más, cuentan con un gobierno totalmente identificado y comprometido con sus proyectos y puntos de vista. La columna de Molano:

“Con el pecho aún henchido de patriotismo y con varias capas de protector solar en la cara después de la marcha del 4 de febrero, el Ministro de Agricultura se dispuso con ese tonito pedagógico de seminario menor que ha copiado de su mentor, el señor Presidente, a explicarnos que los grandes inversionistas seguirán siendo para el Gobierno los privilegiados de siempre y que los desplazados deberán reconvertirse en peones de sus haciendas.

En buena hora la Procuraduría y el senador Robledo se le atravesaron al ministro y pusieron las cosas en su sitio. Carimagua es en realidad una chichigua de 17.000 hectáreas englobadas en el proyecto estrella de colonización uribista bautizado como Recuperación de la Alta Orinoquia, que busca poner en los bolsillos de megaempresarios la bobería de 6’400.000 hectáreas entre los ríos Orinoco, Meta, Vichada y Manacacías, y que el señor Presidente presume despobladas —aun de desplazados—, pero donde viven de esas “tierras ácidas” 54 resguardos indígenas y miles de campesinos y colonos.

La Embajada de Colombia en Japón hizo en 2005 el lanzamiento del proyecto en Tokio, exaltando la fertilidad del suelo y las posibilidades tan rentables que ofrecían las tierras para cosechar palma, caucho, madera y, además, producir oxígeno, un plus que se negocia en Bolsa. No fue un acto, fue una feria. Uribe le echó el cuento a Bush y a Bill Gates, mientras el embajador colombiano embaucaba a Gunter Pauli, de la Fundación Zeri, comerciante de oxígeno; a la firma Daiwa House, negociadora de aguas, y a la Cargill, la mayor comercializadora de granos del mundo. Y, como si fuera poco, al más poderoso banco norteamericano, el J. P. Morgan Chase, mercader de acero y de guerras.

Para mostrar al mundo que el proyecto no era embuste, Incoder le tituló al senador uribista Habib Merheg; a su secretaria; a su abogado y a una docena de sus seguidores, 18.000 hectáreas, y cedió a la Fuerza Aérea Colombiana 61.500 hectáreas –un predio cuatro veces más grande que Carimagua– para instalar un campo de entrenamiento de bombardeos y un gran proyecto de “desarrollo social” para “emplear personas que han sido afectadas por el conflicto y en primera línea por nuestros soldados y policías discapacitados, nuestros oficiales y suboficiales”. (¿Qué pensará Venezuela de esta punta de lanza a pocos kilómetros de la frontera?)

De todos modos, el Gobierno está encartado con Carimagua, que fue un centro experimental de primera importancia, dirigido y financiado por el CIAT y el ICA hasta por allá a mediados del 90, cuando la guerrilla se tomó la sede, destruyó laboratorios y se llevó unos carros. El Gobierno optó entonces por entregar el predio al Fondo Ganadero del Huila en condiciones que la Procuraduría está en mora de investigar. Después todo proyecto ha fracasado, salvo la pista aérea utilizada por antinarcóticos y la base militar con 600 efectivos, que no son los mismos terrenos donados a la FAC. En Carimagua las construcciones están medio destruidas; la biblioteca –llena de informes técnicos valiosos–, enmohecida; las carreteras enmontadas y ni qué decir de los experimentos en pasto, sorgo y marañón. ¿Qué hacer con esas 17.000 hectáreas?

En el exterior –de dientes para afuera– se destinaron a los desplazados para atraer recursos y lavarse las manos; en el interior, como se sabe, se las quiso entregar el Gobierno a los palmicultores, caucheros –¡otra vez los caucheros!– y a los aserradores, que han arrasado nuestras selvas, ofreciéndoles todo tipo de gabelas tributarias. La Procuraduría brincó a tiempo y la opinión pública se enteró de manera práctica y tangible de la política agraria del gobierno de Uribe: conceptualmente hablando –subrayo, conceptualmente–, es el mismo modelo patentado en el Urabá chocoano por el ‘Alemán’, o por ‘Jorge 40’ en las tierras del Cesar: desplazar a los pobres para meter a los ricos.

En el Vichada, el trabajo de sacar indígenas y colonos de sus tierras lo ha hecho el Señor Cuchillo, jefe todopoderoso de los paramilitares que continúa prestando importantes servicios a la causa de la seguridad regional. Mirada en conjunto, la política agraria de los últimos gobiernos ha sido en la práctica una obra en tres actos: primer acto, entrada de los paramilitares motosierra en mano y desplazamiento de campesinos; acto segundo, negociación con los paramilitares, y acto final, entrega de tierras a grandes inversionistas.”

¡Papi, cómprame un Kalashnikov!

Comparto este bonito reportaje de noticias cuatro de España sobre la cultura de nuestro supremo aliado y benefactor (debe aclararse también que no todos los gringos son así):

Porqué no marchamos

“Manifiestamos nuestro rechazo profundo por el secuestro y toda actividad que viole el sagrado derecho a la Vida, don de esta Madre Tierra para que cuidemos de Ella, la Potenciemos y hagamos Florecer de formas inconcebibles.

No para implementar prácticas de exterminio masivo como son propias del modelo neo-liberal del capitalismo corporativo en ciernes. Allí donde la Justicia, el Derecho y las instituciones democráticas se hallan absolutamente sometidas a los intereses de las élites locales y las compañías transnacionales. Lo anterior es una verdad a perogrullo.

El genocidio social operado por el sistema e invisibilizado por los medios de comunicación no tiene perdón de Dios.

Sobretodo en países latinoamericanos, herida abierta en este suelo de Abya-Yala. Nos hierve la sangre en las venas ver la forma como nuestras culturas autóctonas están siendo atropelladas en nombre de un “Desarrollo” a todas luces suicida e insostenible.

El daño ecológico y medioambiental causado por esta globalizada lógica de mercado como pensamiento único es algo inadmisible. Nos estamos matando a nosotros mismos y a la infinita riqueza de vida sobre el planeta. Las generaciones futuras nos juzgarán severas.

No estoy de acuerdo, entonces, con todo respeto, con una marcha de evidentes tintes pro-gobiernistas.

No legitimo la solución armada del conflicto, política guerrerista bandera de la actual administración y eco rendido a los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica. Esa no es la música de estas alas.

Para nosotros la resistencia pacífica.

Para nosotros el arte y la cultura como formas de acción política.

Deploramos, execramos y rechazamos el secuestro venga del grupo que venga, así como cualquier violación al Derecho Internacional Humanitario (DIH), pero seguir ocultando la violencia institucional que generan políticas neo-liberales en sindicalistas, líderes estudiantiles, militantes, afrodescendientes, indígenas y la gran mayoría de excluidos es algo que no podemos soportar.

A ver si abrimos los ojos sobre el verdadero significado y reales sujetos activos de conductas “terroristas”.

¿porqué no salimos a marchar por los veinticinco mil (25.000) niños que mueren al año en Colombia víctimas de enfermedades curables?

¿porqué no marchamos por la población que vive por debajo de la línea de pobreza, -cerca de la mitad de todos los colombianos-, pobreza agudizada por el tipo de políticas económicas del actual gobierno neo-liberal en Colombia?

¿porqué no marchamos por las cientos de miles de víctimas del paramilitarismo, por los millones de desplazados que no vemos en “las buenas noticias del entretenimiento” ni en los “objetivos” informes de los grandes noticieros, RCN, CARACOL, o en el diario el TIEMPO, todos ellos claramente proclives y favorables al actual gobierno?

A ver si despertamos de este trance mediático, ceguera de la cretinización masiva operada por los grupos económicos dueños de los medios masivos de comunicación en Colombia y en el mundo.

Por estas razones NO MARCHAMOS.

Imaginamos formas de resistencia a la barbarie del conflicto armado en Colombia menos sumisas a las órdenes del actual gobierno encabezado por Álvaro Úribe Vélez.

Formas de resistencia creativa y lúcida, que no acaben por legitimar la guerra como salida, que no sean copia de modelos de progreso y bienestar calcados del “american way of life”, que no fortalezcan las garras del imperio cultural-económico-militar de Estados Unidos en nuestra Tierra. El dominio de las Corporaciones en nuestra gente, en nuestras mentes, en nuestras selvas y bosques, sobre la riqueza de nuestros recursos naturales.

Con la mirada fiera y el pulso firme, enseñanzas de nuestros Pueblos Originarios, NO MARCHAMOS el cuatro de febrero, mantenemos el corazón sereno y la dignidad de nuestra Madre Tierra.”

Nanahualtin-Teponaztle-Xocoyotzin, Estirpe de Guerreros Garra de Jaguar, de nube Razante en el Cielo tormentoso.